Nunca es buen momento para nada: por eso hay que hacerlo igual
- Pau Baradad
- 3 dic 2025
- 3 Min. de lectura

En la empresa hay una frase que se repite: “Ahora no es el mejor momento.” Se usa para posponer decisiones, aplazar inversiones en talento, evitar conversaciones difíciles. Pero en realidad sabemos que esa espera es una ilusión. Porque nunca es buen momento para nada. Y por eso, hay que hacerlo igual.
En mi carrera he tenido la suerte de ser asignado a proyectos en medio de transformaciones, fusiones, incertidumbre, expansión (o has liderar esa misma transformación). Y lo he hecho con una convicción clara: el desarrollo no espera.
Cada vez que una empresa decide esperar a que “todo esté más estable” para lanzar un programa de liderazgo, está perdiendo algo más que tiempo. Está perdiendo talento. Está perdiendo impulso. Está perdiendo relevancia.
Y a nivel individual, cada profesional que espera a que “le den la oportunidad” para crecer, está dejando pasar el momento más poderoso de su desarrollo: el presente.
Tú, seguramente, lo has visto de cerca: retrasar la adopción de herramientas o procesos en formación, por miedo al cambio, puede dejar a una organización rezagada frente a competidores más ágiles. Posponer planes de sucesión puede significar perder a los high potentials que ya están mirando hacia fuera. El coste de esperar no siempre se ve en los informes. Pero se siente en la cultura, en la motivación, en la pérdida de liderazgo.
EL DESARROLLO ES COMO TENER PAPEL EN EL BAÑO
No se trata de esperar condiciones ideales. Se trata de tener claridad de propósito y marcar un objetivo claro. Priorizar el desarrollo del talento debe ser una constante como tener papel de WC en los aseos, incluso en momentos de transformación, expansión o incertidumbre.
Los resultados positivos no nacen de contextos perfectos. Nacen de la decisión de avanzar. De planificar con intención. De ejecutar con visión. Y eso es lo que me gusta enseñar a otros: que el desarrollo personal no espera, se impulsa.
En entornos corporativos complejos, “hacer hueco” para el desarrollo no es fácil. Pero es posible:
Convencer a stakeholders de que invertir en personas es una necesidad estratégica.
Integrar el aprendizaje en el flujo de trabajo, para que no compita con la operación, sino la potencie.
Medir el impacto con KPIs claros, conectando el desarrollo con resultados tangibles.
Diseñar experiencias formativas que respetan la realidad del negocio, combinando agilidad con profundidad.
Para los profesionales, esto significa aprender a crecer en movimiento. Significa desarrollar la capacidad de liderar sin garantías, de adaptarse sin perder profundidad, de evolucionar sin esperar permiso.
Creo que es necesario entender que esperar a que todo encaje es una forma de quedarse atrás; el desarrollo (personal y organizacional) ocurre en medio del movimiento. Al acompañar a profesionales en procesos de coaching, formación, transición y crecimiento es adecuado mostrar que el cambio no se gestiona desde la pasividad, sino desde la acción.
¿Y LA VERDAD INCÓMODA?
Esperar el momento perfecto es una forma sofisticada de evitar el cambio. Y en esa espera, se pierde talento, se pierde liderazgo, y se pierde relevancia.
Las empresas que postergan el desarrollo de sus personas están eligiendo, consciente o inconscientemente, la mediocridad disfrazada de prudencia. Están diciendo: “No estamos listos para evolucionar.” Y mientras tanto, los mejores se van, los equipos se estancan, y la cultura se oxida.
A nivel personal, la verdad aún duele más:
Cada vez que alguien espera a que “le den la oportunidad” para crecer, está cediendo el control de su desarrollo a un sistema que no tiene prisa por cambiar.
El momento perfecto no existe. Lo que sí existe es el miedo a equivocarse, a incomodar, a romper el status quo. Pero ese miedo, si no se confronta, se convierte en parálisis. Y la parálisis, en pérdida.
¿Y QUE SE PUEDE HACER?
Aquí empieza el cambio. No en el próximo trimestre. No cuando el presupuesto se libere. No cuando el equipo esté completo. Empieza ahora.
Para profesionales:
Deja de esperar permiso. Toma la iniciativa. Propón, aprende, lidera desde donde estás.
Identifica tu brecha de desarrollo y actúa: busca mentoría, formación, feedback.
Sé el cambio que quieres ver en tu equipo. Lidera con ejemplo, no con títulos.
Para líderes y empresas:
Prioriza el desarrollo del talento como inversión estratégica, no como gasto opcional.
Integra el aprendizaje en el flujo de trabajo, no como evento aislado.
Usa la tecnología para escalar el impacto, pero mantén el propósito humano.
Mide el desarrollo con KPIs reales: movilidad interna, engagement, retención, impacto en negocio.
Y SOBRE TODO:
Hazlo igual. Aunque no sea el momento perfecto. Porque nunca lo será.




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